El ex Talking Heads habla de su nuevo álbum

By on marzo 23, 2018
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TRENTON, Nueva Jersey, Estados Unidos (New York Times).— David Byrne es su propio narrador. En una conversación, se interrumpe continuamente para interponer su monólogo interno, como si fuera simultáneamente actor y director de una obra de teatro.

Tras bambalinas en la CURE Insurance Arena de Trenton, donde él y su banda están ensayando para una gira, estelarizó un breve dúo con una tetera eléctrica que no funcionaba bien. “¿Qué le pasa a esta cosa? ¡Por favor! ¡Sé buena!”, suplicó. “Creo que podría estar descompuesta. O puede que la toma eléctrica no tenga corriente”. Dejó escapar una carcajada. Justo cuando parecía que la risa se había extinguido, volvió a reírse. “Ya volveré a ese tema después”.

Aunque suele interpretársele como a un ironista urbano insolente, buena parte de la música de Byrne, en la tradición del arte pop de Richard Hamilton o Andy Warhol, surge de una fascinación ingenua con objetos mundanos. El cinismo y el asombro permean su nuevo álbum de arte pop escurridizo, American Utopia, que, como afirma, describe “cómo estamos en Estados Unidos: quiénes somos, quiénes aspiramos a ser y todo esqe tipo de cosas”.

El título del álbum no es ni irónico ni literal. “Ciertamente no estoy describiendo ninguna utopía”, comentó Byrne, de 65 años, mientras rebanaba una raíz de jengibre con un cuchillo serrado de chef. “Algunos de estos versos, en particular, son algo distópicos, o no exactamente alegres. Pero los coros se les contraponen, lo que parece dar una sensación de esperanza”.

El retrato triste y al mismo tiempo gracioso que hace Byrne de Estados Unidos se resume a la perfección en “Dog’s Mind”, una balada electrónica sin concesiones. We are dogs in our own paradise, in a theme park all our own (Somos perros en nuestro propio paraíso, en un parque temático donde estamos solos), canta con toda calma. Doggie dancers doing duty, doggie dreaming all day long (Los perritos bailarines hacen lo suyo, con sueños perrunos todo el día).

Byrne y once artistas ensayan un complicado espectáculo que utiliza un escenario austero: sin amplificadores, atriles ni estrados. CreditBryan Derballa para The New York Times

 

Al inicio de su carrera, cuando Byrne era el cantante de Talking Heads, los fanáticos recurrieron a él en busca de alienación, no de esperanza. Se sentía tan estresado y extraño en el escenario que la gente con síndrome de Asperger le dio la bienvenida como si fuera de su clan. Después del último álbum de Talking Heads en 1988, se abrió paso en una carrera solista que ha sentado precedentes envidiables de variedad y prestigio: fundó un sello discográfico que promovió música de Brasil y África; escribió libros y artículos de opinión; se ganó un Oscar (en 1988, por ser uno de artífices de la música de El último emperador); compuso una opereta sobre Imelda Marcos y un musical acerca de Juana de Arco; ha expuesto su arte visual y hasta apareció en Los Simpson.

En Trenton, estaba preparando un espectáculo tan complicado y poco tradicional que la banda y el equipo pasaron noventa minutos ensayando cómo bloquear e iluminar una transición. Para crear un escenario desnudo —sin amplificadores, atriles ni estrados— las partes de las percusiones se dividieron entre seis percusionistas. Para que los doce intérpretes pudieran mantenerse móviles, algunos músicos llevan arneses para sostener sus instrumentos, lo cual quiere decir que las chaquetas grises Kenzo que todos visten tuvieron que cortarse y volverse a coser.

La coreógrafa Annie-B Parson, quien colabora en el nuevo espectáculo y ha trabajado con Byrne desde 2008, comentó que él “ahora está escribiendo cosas mucho más cálidas”. El Byrne que ve en el escenario es un extrovertido atolondrado. “Es casi como si fuera parte de la vieja tradición de vodevil de las salas de conciertos británicas”. Sin caer en Norman Vincent Peale o Dory, se encamina poco a poco hacia la esperanza.

“Me parece que soy bastante alegre la mayor parte del tiempo”, dijo un animado Byrne en una entrevista telefónica realizada dos días después de nuestro encuentro en Trenton. “Pero también puedo ser cínico y pesimista en cuanto a la política y temas por el estilo”.

El primer álbum de David Byrne desde 2012, “American Utopia,” explora “el estado de Estados Unidos: quiénes somos, quiénes deseamos ser, todo eso”. CreditBryan Derballa para The New York Times

 

Byrne ha sido claro en su odio hacia el presidente, pero American Utopia, afirma, no es su “álbum sobre Trump”. Escribió las letras antes de la elección e incluso tomó algunas de cuadernos viejos (una versión preliminar de la canción “Here” incluía la frase sound of gunfire off in the distance [el sonido de disparos en la distancia] que usó en 1979 para la canción “Life During Wartime” de Talking Heads).

No obstante, no deja de ser un álbum sobre Estados Unidos, escrito por un tipo que en muchos sentidos no deja de ser un extranjero. Byrne nació en Escocia; se mudó con su familia a Baltimore cuando tenía 8 años y no cambió su green card por la ciudadanía estadounidense sino hasta 2012. Para ser un artista considerado un cosmopolita global, ha escrito muchas canciones sobre Estados Unidos.

En “The Big Country”, de 1978, un hombre sobrevuela la región central de Estados Unidos y dice con desdén: I wouldn’t live there if you paid me (no viviría ahí ni aunque me pagaran). Dos años más tarde, en “Listening Wind”, Byrne imaginó a un hombre agraviado en un país tercermundista pobre que construye cartas bomba para matar a los colonialistas estadounidenses. En el disco y la película de 1986 True Stories mostró a los estadounidenses de los pueblos pequeños que, dice: Had invented odd ways of being that were completely original, but it was all working out fine for them (Habían inventado formas extrañas de ser, que eran totalmente originales, pero en general les iba bastante bien). Unos años después del 11-S, Byrne dijo en una entrevista que sentía “un poco” de empatía por la gente que cometía actos de terrorismo en contra de Estados Unidos.

Durante cuarenta años, Byrne ha mostrado gratitud y deleite, en combinación con vergüenza y miedo, por su país adoptivo.

“Hay muchas cosas que me encantan de Estados Unidos”, dijo. “Hay muchas cosas que desprecio por completo. Algunas veces, las dos se mezclan. Hay un espíritu inventivo y un sentimiento de que la gente puede reinventarse, que se remonta a Alexis de Tocqueville, y la idea de que Estados Unidos podría ser una reinvención de lo que un país podría ser”.

“También alberga a personas que reinventan eso que podrían ser”, agregó. “Me parece que el resto del mundo sigue admirando a Estados Unidos por eso, incluso si lo desprecian por muchas otras razones”.

Lamenta escribir canciones sobre este país: “Sinceramente, desearía poder alejarme más de él”, dijo Byrne. “Quizá es momento de seguir adelante”.

Sin embargo, paradójicamente, Estados Unidos es el lugar donde Byrne descubrió que puede seguir adelante una y otra vez. Es parte del perfil de la reinvención estadounidense: es aquí donde una especie de extraterrestre se hizo de una banda, un público y un hogar.

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